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Niños tiranos

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Cuatro claves para lograr que tus hijos sean buena gente, según Harvard

Una investigación asegura que los niños consideran mucho menos importantes valores como “ser justo” o “amable” que otros como “trabajar duro”. ¿Qué estamos haciendo mal?
Una investigación asegura que los niños consideran mucho menos importantes valores como “ser justo” o “amable” que otros como “trabajar duro”. ¿Qué estamos haciendo mal?
Autor

Miguel Ayuso

A la hora de educar a nuestros hijos queremos lograr que sean felices, trabajadores, buenos estudiantes pero, también, y sobre todo, buenas personas. Pero, aunque nadie quiere tener un crío antipático, la educación que por norma general les estamos dando no prima los aspectos de la personalidad que hacen que alguien sea lo que entendemos por “un buen chaval”.

Como explican los investigadores del proyecto Making Caring Common (“Hacer de la solidaridad algo común”), una iniciativa de la Escuela de Educación de Harvard, la mayoría de la juventud (sin importar raza, cultura o clase socioeconómica) cree que son mucho más importantes los aspectos del éxito personal –los logros académicos o la felicidad individual– que el interés por los demás. Valores como “ser justo” o “amable” se consideraban mucho menos importantes que otros como “trabajar duro”, de largo el más apreciado por los 10.000 alumnos estadounidenses de primaria y secundaria que fueron entrevistados.

Esto, aseguran los psicólogos y pedagogos responsables de la iniciativa, es la muestra de un claro fracaso educativo: “Los valores de nuestra juventud se han torcido, y los mensajes que los padres están transmitiendo quizás sean la clave del problema”.

No educamos con el ejemplo

Los investigadores hablan en el estudio de lo que aseguran es una brecha entre lo que decimos a nuestros hijos y lo que les empujamos a hacer, entre la retórica y la realidad. Poco importa que expliquemos a los chavales que hay que ser amables, ayudar a quien lo necesite y ser solidarios, si a diario les dejamos claro que lo verdaderamente importante es que saquen buenas notas y sean mejores que sus compañeros.

Los padres que priorizan el éxito personal sobre la amabilidad y la solidaridad exponen a sus hijos a comportamientos dañinos

Aunque la mayoría de padres y profesores aseguran que desarrollar niños solidarios es más importante que lograr que saquen buenas notas, el 80% de los jóvenes que participaron en la investigación admitieron que sus tutores están más preocupados por sus logros académicos o su felicidad personal que por su amabilidad.

Según el estudio, los padres que presionan en exceso a sus hijos para que sean alumnos sobresalientes y priorizan el éxito personal sobre la amabilidad y la solidaridad exponen a sus hijos a comportamientos dañinos, que incluyen ser crueles, irrespetuosos y deshonestos. Hábitos que son comunes entre la juventud estadounidense que participó en el estudio: la mitad de los estudiantes de secundaria admitió copiar en los exámenes y el 75% plagiaba los deberes de sus compañeros. No es de extrañar, tampoco, que el 30% de los estudiantes de secundaria y bachillerato aseguren haber sido víctimas de acoso escolar.

Las 4 claves para criar niños solidarios

En consonancia con sus hallazgos, los investigadores de Harvard han elaborado una guía de cuatro puntos para ayudar a padres y educadores a criar niños con un sentido más elevado de la solidaridad y la amabilidad. Y la clave, aseguran, es que dejemos de pasarnos la pelota: tanto las familias como las escuelas están preocupadas por la catadura moral de nuestros jóvenes, pero nadie quiere pensar que es parte del problema.

Es hora de cambiar la forma en que educamos a nuestros hijos, y estas cuatro “reglas” son decisivas para lograrlo.

1. Deben practicar para ser amables

(Corbis)
(Corbis)

Los niños no nacen siendo buenos o malos y nunca debemos renunciar a que un chaval aparentemente arisco acabe siendo una gran persona: a lo largo de la vida todos podemos desarrollar nuestras capacidades éticas.

Aprender a ser solidario y llevar una vida ajustada a la moralidad es como aprender a tocar un instrumento o realizar manualidades. La repetición diaria y los desafíos cada vez mayores –ya sea ayudar a un amigo a hacer sus deberes, echar una mano en las tareas del hogar, hacer un trabajo de grupo o participar en un proyecto de voluntariado– hacen que ser solidarios sea parte de su naturaleza y desarrolla y perfecciona las capacidad para ser amables de los jóvenes.

Con ayuda de los adultos, y con práctica, los jóvenes pueden además desarrollar las habilidades y el coraje necesarios para saber cuándo y cómo deben intervenir en situaciones en las que se necesita su ayuda.

2. Deben aprender a tener perspectiva

(iStock)
(iStock)

Los niños deben aprender a escuchar y atender a todos los compañeros de su círculo inmediato, pero también a saber qué lugar ocupan en el mundo y considerar múltiples perspectivas. Sólo a través de este esfuerzo, los niños serán capaces de darse cuenta de la existencia de personas que normalmente pasan desapercibidas, que son precisamente las que necesitan más ayuda, como el nuevo niño de la clase, el compañero que no habla su idioma o el empleado que limpia los baños de la escuela. De esta forma, los jóvenes ampliarán su “círculo de interés” y será capaces de considerar la justicia en la sociedad en conjunto.

3. Los adultos deben ser modelos morales

(iStock)
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Todos los adultos son modelos para los niños: lo que nosotros hagamos lo harán ellos también. Esto no significa que tengamos que ser perfectos o contar con todas las respuestas, pero debemos aprender a lidiar con nuestros propios defectos, reconocer nuestros errores, escuchar a nuestros hijos y alumnos y conectar nuestros valores a sus formas de entender el mundo.

Si queremos una sociedad en la que la juventud sea solidaria y amable nosotros también debemos tratar de ser solidarios y amables, ampliando nuestro “círculo de interés” y profundizando en nuestra comprensión de la equidad y la justicia.

4. Deben aprender a manejar sus sentimientos

(iStock)
(iStock)

A menudo, la capacidad para cuidar de los demás es sobrepasada por la ira, la vergüenza, la envida u otros sentimientos negativos. Debemos enseñar a los niños que todos los sentimientos cumplen su papel, pero algunas formas de lidiar con ellos son inútiles.

Los niños necesitan de nuestra ayuda para hacer frente a estos sentimientos de una forma productiva. Los menores son también, desde muy pequeños, filósofos morales, y se plantean constantemente cuestiones éticas. Cuando los adultos fomentan este tipo de digresiones, colocan la injusticia en el radar de los niños, algo que les ayuda a saber cuáles son sus responsabilidades respecto a los demás y ellos mismos.

Concentrarse para aprender. 10 Pautas para fomentar la concentración

El Reto de la Concentración: Enseñar a los niñ@s a concentrarse

La concentración es imprescindible para el aprendizaje, sin concentración es prácticamente imposible aprender.

En numerosas ocasiones los pequeños tratan de aprender, pero no se concentran. La concentración es una habilidad mental y por lo tanto se puede entrenar y desarrollar con las estrategias adecuadas. Es muy importante que prestemos atención a los niños y niñas y que favorezcamos su capacidad de concentración.

 

Beneficios de concentrarse

Cuando los pequeños aprenden a concentrarse, consiguen importantes beneficios presentes y futuros.

  • Mejoran sus resultados académicos
  • Mejora su rendimiento en diferentes tareas, y esto les llevará a su éxito personal, ya que esta habilidad la emplearán en las diferentes actividades que lleven a cabo ahora y en el futuro.
  • Se favorece la consecución de sus metas y logros personales
  • Potencian su desarrollo personal.
  • Aprenden a relajarse y a seleccionar aquello a lo que deben atender.
  • Aprovechan mejor su tiempo, en menos tiempo logran hacer más cosas con mejores resultados.
  • Aumenta su autoestima y su confianza.

 aprender a concentrase

¿Por qué los niños y niñas no se concentran?

La mente capta todos los estímulos del ambiente y selecciona aquellos a los que atiende. Las personas siempre están prestando atención a algo, el problema es que no siempre prestan atención al estimulo deseado. Actualmente son muchos los estímulos que nos rodean, se podría decir que hay una sobre estimulación. Los niños y niñas están rodeados de cosas que llaman su atención y centrarse en algo que no llama tanto su atención les resulta complicado.

Por ello es imprescindible la concentración, entendida como habilidad para controlar los estímulos y enfocar la atención en el deseado, manteniéndola un tiempo determinado.

 ¿Cómo ayudamos a los niños a concentrarse?

10 pautas para fomentar la concentración

  1. Es importante comenzar el entrenamiento en concentración desde una edad temprana para que adquieran el hábito.
  1. Emplea periodos cortos de tiempo, en los que el niño se mantendrá realizando una tarea. (comienza por unos 10 minutos y poco a poco aumentamos el tiempo)
  1. Prepara el espacio, déjalo libre de estímulos distractores (TV, videojuegos, etc.).
  1. Ten en cuenta las horas de sueño y las preocupaciones que pueda tener, ya que dificultaran la concentración.
  1. Haz que se centre en una sola tarea o parte de la misma cada vez.
  1. Cuando le expliques algo, mantén el contacto visual.
  1. Haz que se dé cuenta de cuando empieza a perder la concentración y porque le ocurre, pregúntale y hazle pensar en ello.
  2. Enséñale estrategias para recuperar la atención (cambiar de tarea, dividir la actividad en partes, hacer un pequeño descanso, seleccionar lo más importante de la actividad) y para dejar a un lado preocupaciones (enséñale a que se diga a sí mismo “esto otro no puedo solucionarlo ahora, primero termino mi tarea”)
  1. Refuerza sus logros por pequeños que sean con felicitaciones, para que se dé cuenta de que lo ha hecho, de que ha mantenido la atención y por lo tanto es capaz de seguir haciéndolo).
  2. Se comprensivo y paciente. Ten en cuenta que es una habilidad que se adquiere poco a poco, no esperes grandes logros en poco tiempo.

 

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga